Cuando escribo estas líneas tengo 47 años.
En 2013 -con 35 años - y después de estar una año luchando contra el cáncer de mama y vencerlo, pensé que podría comerme el mundo, emprender y no dejar que mi vida se perdiera viviendo la vida de otro.
Me sentía empoderada tras sobrevivir a una enfermedad mortal.
Y me lancé a emprender con mucha motivación.
- "¿Si le gané al cáncer, cómo no voy a ganar si quiero montar un negocio online?"
Me metí un ostión de frente con el mundo de los negocios.
No me mató, como me pudo haber matado el cáncer, claro… pero me dejó “tocada y hundida”
Tener ganas es bueno y tener pasión es fundamental, pero no te engañes, hace falta algo más.
Sobrevivir al cáncer no te convierte en superhéroe, solo te demuestra que si sigues los pasos correctos, con el estado mental correcto, te pone en ventaja.
Pero la realidad es que hay cosas que no puedes controlar y otras que están en otras manos.
Yo no hubiera podido sobrevivir solo con mi actitud positiva, eso fue solo una parte del proceso.
Hubo otras "cosas" de por medio con las que estoy agradecida de haber contado.
- Había un plan, había una estrategia pensada para mi. (hoy en día el tratamiento contra el cáncer es muy personalizado)
- Había gente con experiencia que me dio grandes pautas a seguir.
- Y por supuesto estaban mis ganas de vivir, mi convicción de que estaba dispuesta hacer lo que hiciera falta para vivir.
De aquella mi hijo tenía 2 años y mi madre también estaba conmigo.
Me propuse que tenía que vivir porque me encanta la vida, pero sobre todo por ellos.
No quería que mi madre me sobreviviera, ni que mi hijo creciera sin todo el amor que tengo para él.
- Me propuse no quejarme ni un día por dolor.
- Hacer lo que hiciera falta, sin chistar ni negociar.
- Confié en mi fuerza, confié en Dios y confié en los Médicos (la ciencia).
Y esa batalla la gané.
Pero cuando decidí emprender, me lancé con una fuerte motivación, un gran deseo, pero sin claridad, sin plan, sin sistema.
Sobreviví a ese golpe en 2014 cuando me quedé arruinada, sin dinero.
Me sequé las heridas, me lancé a trabajar de lo que hiciera falta para recuperarme económicamente
y esta vez empecé a hacer lo que se tiene que hacer.
Hoy me dedico a dar a otros lo que yo no tuve cuando empecé.
Claridad.
Cuando alguien tiene un negocio online, tiene tráfico, pero no vende como esperaba, yo le digo exactamente qué podría estar fallando.
Sin rodeos.
Sin teoría.
Sin relleno de paja.
Porque sé lo que es estar perdido, sin saber por donde ir, probando cosas a ciegas.
Y sé lo que cambia cuando alguien con experiencia mira tu situación y te dice: "El problema está aquí. Esto es lo que hay que hacer."
Eso es lo que hago.
Optimizo las conversiones de tus páginas de destino.